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Enrique Cantos Lodroño Para los aficionados a este tipo de literatura, es descorazonador el encontrar, tan sólo, ediciones, reediciones y recontraediciones de unas cuantas obras (muy pocas) que parecen enquistadas en el mercado editorial español. De las Gracias y desgracias del ojo del culo de Quevedo (por citar el ejemplo más evidente) contamos con casi cien reediciones en el siglo XX y ya con una docena en nuestro recién estrenado siglo XXI. Ediciones corrientes, ediciones de bibliófilo y ediciones que (en palabras del mismo Quevedo) son buenas únicamente para “limpiarse”, proporcionan la falsa imagen de que nadie ya, con un mínimo de calidad, puede escribir nada sobre el tema. En cuanto a las antologías que tratan la presente materia, tampoco vamos a encontrar demasiadas novedades: combinaciones y permutaciones de unos cuantos poemas clásicos que suelen empezar por un extraño diálogo escrito sobre 1245 en el que Ramón Berenguer V, Conde de Provenza y de Cerdaña, interroga a Arnaut Catalán sobre si sería capaz, con un pedo, de salvar a cien damas que languidecen en un barco, hasta un poema de Salvador Dalí en el que una vez aparece la palabra “ano” y ocho la palabra “moco”, pasando, por supuesto, por Los perfumes de Barcelona y por la vida del pedómano marsellés José Pujol. También, si el editor o prologuista de estos refritos, tiene veleidades culturales, referencias a Freud y a la “fase anal”, a la obra de John Gregory Escatología y civilización, a una oscura divinidad egipcia representada por un niño agachado que parece hacer un esfuerzo y, evidentemente, a Marx (que tanto vale para un roto como para un descosido), a Bataille y a Foucault. La obra que ahora nos ocupa tiene todas las ventajas de los trabajos que hemos citado y ninguno de sus inconvenientes, esto es, en una elegantísima edición de bibliófilo limitada a 500 ejemplares impresa sobre papel Ivory ahuesado de 100 gramos y portada verjurada de 280 gramos de la casa italiana Fedrigoni, con una tipografía Adobe Garamond de 10,5 puntos, encontramos un trabajo de gran calidad que, a nuestro entender y desde el primer momento, merece ser designado como “clásico”. Así, una lectura atenta de este libro nos alejará convenientemente de nuestro Siglo de Oro y de nuestro siglo XIX para sumergirnos en nuestro divertidísimo presente, con sus ascensores, las bolsas de Mercadona, las oficinas, las hipotecas, los conserjes que reciben instrucciones de la delegada, la Guardia Civil, el golf... En sus páginas vamos a encontrar, con sonrisas y carcajadas, un repaso (en el sentido literal de la palabra) a este ámbito de la realidad que permanece íntimo, al menos para los que no somos de “gatillo flojo”, una exhaustiva descripción de la que los pedantes llaman Comedia Humana, una deliciosa trasgresión a los límites marcados por la Sociedad y el eufemismo, pero, sobre todo, un extraordinario ejercicio de lenguaje que sin duda nos sorprenderá y que nos hará reinterpretar el mundo que creíamos conocer: “... Pedanía es la aldea que, por la confianza que se tiene los rústicos, hay pedo libre (...) Pedante es el que habla de pedos sin venir a cuento, únicamente por afán de protagonismo (...) Bípedos son los que sacuden los pedos de dos en dos, cuadrúpedos si lo hacen de cuatro en cuatro, solípedos si esperan que no haya nadie y palmípedos cuando los meten tan espectaculares que arrancan aplausos o palmas que decían los retóricos...” Un libro, en suma, genial, divertidísimo, serio y riguroso que nos hará reflexionar con una sonrisa en los labios. También, ideal para quitarnos unos cuantos complejos y para regalar a quien no tiene demasiados. Destacar ese surrealista atlas fotográfico que viene al final del libro y que fotografía lo invisible “...se necesitaría ser un Maigret singular para averiguar, de tirarse alguien un castañazo sentado en una silla de rejilla, por qué agujero ha salido...” y sobre todo, agradecer que la obra no esté encabezada con un prólogo que nos explique el origen de la palabra “Escatología”, nos hable de rehabilitar este género de literatura y nos proporcione citas de autores para justificar lo que, por supuesto, es injustificable y es, además, una cochinada.
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