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Las encuadernaciones

       La tablillas de arcilla, de cera, los rollos de papiro, los códices y, por fin, el libro impreso son, al fin y al cabo, soportes físicos de información que deben ser protegidos. Así son, también, formas de encuadernación, por ejemplo, la capsa o scrinium que es la caja donde, tanto griegos como romanos, guardaban sus rollos.

       Más tarde, en el siglo IV y con la aparición del libro cuadrado (liber quadratus) de los romanos, nace el antecedente directo de la moderna encuadernación, al protegerlo con dos tablas de madera forradas con piel de distintos colores y conocida por aleae, al recordar las multicolores alas de los pájaros.

       A lo largo de todo el período medieval (siglos VI-XIV) se destaca la encuadernación de orfebrería realizada con materiales como el marfil, la plata, las piedras preciosas y los esmaltes. Como curiosidad les diremos que la palabra latina para nombrar una biblioteca de esta época era "armarium", y que para que un monasterio dejase un códice a otro, podían pasar años de durísimas negociaciones y que se consideraba una buena biblioteca la compuesta por veinte códices.

Representación de la "Capsa" en un fresco de Pompeya
Encuadernación en orfebrería
"Armarium"

       Con la aparición de la imprenta (siglo XV) el libro incunable (por convención todo libro impreso antes del 1500 y etimológicamente "cercano a la cuna") toma para sí las técnicas de encuadernación del códice y se protege con tapas de madera revestidas con piel o tejidos valiosos. En esta época, y hasta mediados del siglo XVIII, los libreros eran al mismo tiempo los encuadernadores, de modo que el libro salía de la imprenta en rama (libro que aún no está encuadernado, pero cuyos pliegos se hallan impresos, plegados y ordenados) y el librero encuadernaba a su manera y estilo, la partida que adquiría.

       A finales del siglo XVIII se introduce la encuadernación mecánica o industrial. La mayor difusión del libro hace que los materiales nobles sean sustituidos por imitaciones o por telas. La encuadernación ya está a cargo del propio editor que decide (no siempre afortunadamente) un tipo de encuadernación adecuada para la temática y el uso del libro.

       Cuestiones prácticas:

       Lujos aparte, las encuadernaciones más frecuentes que vamos a encontrar (presuponemos que usted no es bibliotecario del Palacio Real, ni frecuenta diariamente el monasterio de Yuste) son las siguientes:

      Rústica: El libro, cosido o encolado, está forrado simplemente con una cubierta de papel, generalmete fuerte, y pegada al lomo. Por favor, no desprecie este tipo de encuadernación: la riqueza de los materiales poco tiene que ver con la belleza o con la imaginación, y en este tipo de encuadernación es posible encontrar diseños maravillosos. Les diré que los ejemplares más queridos de mi biblioteca particular están, precisamente, en rústica.

       Cartoné: Se aplica la definición anterior, con la única diferencia de que el cartón sustituye al papel.

Encuadernación en rústica Encuadernación en cartoné

 

       Tela o tela editorial: En este caso el papel o cartón están sustituidos por tela. El Art Noveau -en España Modernismo- (estilo nacido a finales del siglo XIX cuyo mayor mérito consiste en haber adecuado los productos artísticos a la vida práctica) influyó decisivamente en este tipo de encuadernación.

       Holandesa, holandesa puntas y media holandesa: El lomo y la parte más cercana a él, están forradas con piel (o con otro material diferenciador) mientras que el resto de la tapa está forrada en papel, cartón o tela. La piel puede forrar también las puntas y, aunque esto es menos frecuente, hasta la mitad de la tapa del libro.

       Piel: Las tapas y el lomo están forradas íntegramente por piel, generalmente trabajada. Si cumple los requisitos de la holandesa se le puede denominar, también, media piel.

Encuadernación en tela editorial
Encuadernación holandesa puntas
Plena piel

 

     Pergamino: Es piel de carnero, de cabra o de asno y, en algunos casos más frecuentes de lo que puedan imaginar, humana. El proceso consiste en sumergir las pieles durante unos dias en cal, tras lo cual se limpiaban del vellón o pelo, se raían con un rasorius, se adobaban, estiraban y pulían con piedra pómez. Era tan caro y escaso el pergamino que era frecuente utilizar uno muy anterior, borrando las escritura y escribiendo encima (palimpsesto), así que no es raro encontrar que la encuadernación de un libro, relativamente moderno, se haya hecho con la hoja de un códice de siglo X, borrado parcialmente. No le recomiendo que, por ello, y para buscar el tesoro, destroce libros. Con mirarlo con luz ultravioleta suele ser suficiente. La vitela es un pergamino extraordinariamente fino y flexible procedente de un becerro recién nacido o nonato (como San Ramón) y se utilizaba para confeccionar lujosos códices miniados (adornados con miniaturas).

       Pergamino flexible y a la romana: Si el pergamino está reforzado por la parte interior con cartón es a la romana. Pergamino flexible es cuando se aplica directamente sin sostén (sin refuerzo quería decir).

Pergamino a la romana
Encuadernación en pasta española

       Pasta española o Pasta valenciana: Las tapas y el lomo están cubiertas con piel de cordero o cerdo, teñida de color marrón claro y decorada con jaspe salpicado. En el caso de la valenciana, la piel se arruga antes de teñirla, ofreciendo un jaspeado más rico y caprichoso que nos recuerda el marmol.

 

 

 

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